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Al hilo de la reforma laboral: los “eres” en el concurso de acreedores

Posted by : Juan Sanchez Corzo | On : February 20, 2012

Entre las modificaciones legislativas introducidas por el Real Decreto Ley 3/2012, de 10 de febrero, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral (http://www.boe.es/boe/dias/2012/02/11/pdfs/BOE-A-2012-2076.pdf), destacan las que afectan a los despidos colectivos y a los expedientes de regulación de empleo, los famosos ERES.

Las modificaciones conllevan una mayor facilidad para demostrar la concurrencia de causas económicas objetivas que justifiquen la extinción de los contratos de trabajo (pérdidas actuales o previstas o disminución persistente de su nivel de ingresos o ventas durante al menos tres trimestres consecutivos) y la supresión del requisito de la aprobación de la autoridad laboral. Esta deberá estar informada del expediente, pero si el periodo de consultas entre empresa y los representantes legales de los trabajadores concluye sin acuerdo, el empresario podrá llevar adelante el despido sin más, quedando siempre la posibilidad para los trabajadores de impugnar dicho despido en la jurisdicción social.

Lo que hay que tener en cuenta es que no se produce la extinción del contrato de trabajo hasta que el empresario no materializa el despido mediante la correspondiente carta individual a cada trabajador. Es en ese momento cuando los trabajadores causan baja en la empresa, pueden acudir al INEM a recabar su prestación por desempleo e iniciar la correspondiente acción de impugnación del despido, si así lo estiman oportuno.

Una disyuntiva en caso de concurso: el empresario tiene que considerar la conveniencia de presentar el ERE antes del concurso o dentro del concurso. Mi experiencia en este ámbito es negativa, porque los ERES, aunque dentro del concurso se tramitan con urgencia respecto de otros incidentes, se ralentizan. El último que hemos tramitado ha durado ocho meses, devengándose mientras tanto las nóminas de los 13 trabajadores afectados, más los seguros sociales, trabajadores todos ellos que no tuvieron durante ese tiempo ocupación efectiva. Además, si el ERE se inicia una vez que la empresa está en concurso, los créditos que devenguen los trabajadores por las indemnizaciones a que tienen derecho serán considerados casi con total seguridad como créditos contra la masa, es decir, a pagar con preferencia a todos los demás créditos, lo que en muchos casos provoca a la sociedad tal descalabro que la deja sin recursos para pagar al resto de acreedores.

La presentación del ERE antes de solicitar el concurso lo hace más rápido y genera créditos concursales, privilegiados (hasta el duplo del S.M.I.), ordinarios (resto de nóminas o indemnización) o subordinados (intereses), pero tiene, en cambio, un inconveniente: que los trabajadores ejecuten judicialmente sus créditos frente a la empresa antes de que esta se encuentre protegida por la declaración de concurso, lo que podría provocar el embargo de sus bienes y el fracaso del procedimiento concursal, cuyo fin es, precisamente, repartir lo que haya, mucho o poco, entre todos los acreedores.

Se trata de una decisión estratégica de primer nivel que hay que considerar con sumo cuidado al inicio del proceso concursal, si es que la necesidad de los despidos se plantea simultáneamente con la de instar el concurso.

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